La casa aún se yergue

oscura y alta,

doblegada por un tiempo indefinido.

Allí,

silenciosa ya,

oculta tenaz aquellos ríos misteriosos

de una infancia extraña

y torpe...

Calla,

permanece,

sueña sin pudor en mi mente,

sin galas,

gris tenue,

perenne,

gigante y sibilina...

Tanto queda en su ahogo...

tanto en mi allá...

tanto que dejar para continuar...

E invoco a sus pertinaces sombras

a desleirse en un último llanto,

a abrir camino a esta aventura media

para, sencillamente,

vivir y soñar en paz.