Voy a tomar como referencia a mi gran amigo Jacosito para esta historia breve y cotidiana, como ya bien expresa en sus extrañas conversaciones, de cama o, incluso, mañaneras. La mía es de sofá.

Viernes por la noche. El Chicha y yo hemos cenado tranquilamente. Reposamos. Dejamos la mirada perdida en la televisión, no nos fijamos en nada... De pronto unos códigos verdes con fondo negro aparecen en la pantalla. Caen en cascada muy deprisa...

El Chicha exclama: ¡hostiás! (Sí, con tilde y énfasis en -ás)

Yo suspiro: ¡aaaadiós!  (Sí, sí... con tantas a delante)

 

 

Se nota que tenemos gustos parecidos, ¿eh?