Esta es la historia de un Clipper de Fresa que partió desde su ciudad natal (Las Palmas de Gran Canaria) hasta la Península para conocer un nuevo mundo de posibilidades. En las islas escuchó rumores de que los hombres se alimentaban de productos naturales y quiso saber si eso era así realmente...
Probó a sentirse col, a echar raíces en la tierra, a beber del sol de primavera, pero todo fue inútil. Siguió siendo Clipper de Fresa.
Siguió probando suerte y pensó que quizá con los líquidos le fuera algo mejor. En los suburbios le hablaron de la leche, un prodigioso alimento que procedía de las vacas y que conseguía en los hombres unos huesos sanos y fuertes porque al parecer contenía una sustancia llamada "calcio". El Clipper buscó y buscó vacas. Las encontró de mil colores, hasta que por fin dio con lo que buscaba. Y volvió a probar suerte... Quiso sentirse botella de leche, pero estaba claro: no encajaba en el perfil.
El Clipper se sintió desolado. Vagó por las calles mañanas, tardes, y noches, sin rumbo, solo. Se sentía tan desdichado... ¿Por qué abandonaría aquellas cálidas islas donde todo el mundo disfrutaba de su compañía? El Clipper, con sus ánimos aniquilados por no poder ser un alimento natural, se sentó a descansar, a ver pasar la vida... a buscar de nuevo un sentido en la vida.
Allí estaba, solo y triste, cabizbajo y pensativo cuando de pronto apareció una bella joven que se sentó a su lado. "¿Por qué lloras?" "Nunca conseguiré ser un alimento natural", respondió el Clipper. "¡No te preocupes! Pronto el hombre acabará con su alimentación sana y serás uno de los primeros en la cadena de alimentación". La muchacha cogió a Clipper tiernamente entre sus brazos... y le besó.
Clipper se sintió tan feliz que brincó, cantó, bailó y rió hasta el amanecer. Y así todos los días continuó pregonando su buena nueva allá por donde iba. Clipper triunfó con su discruso en el metro, en bares, cafeterías y teatros... Y la vida le terminó de sonreír...
Ahora, Clipper ha marcado una nueva generación y hasta los membrilleros lo han convertido en su bebida de culto, de fiestas y juergas sin fin.

PD. No podría faltar el agradecimiento eterno no sólo por el clipper, sino por los grandísimos momentos que me está haciendo pasar a Jacob y Adastra, y por supuesto al resto de la Comunidad Membrillera, Agente Naranja y Dr. Pi.

Soy una estrella, ya menos errante, en busca de aceptar mi identidad, siempre sonriente y que cree en la Bondad natural del Hombre y en la capacidad de emocionarse aún por cualquier cosa. La Vida tiene mucho que decir y yo, mucho que escuchar.
doctorpi
16 mar 2009 | 11:45 AM
OEOEOOEEE
Bravo!!!!
agente_naranja
16 mar 2009 | 11:45 AM
¡Pero qué bonito! ^^
Jacob
16 mar 2009 | 11:52 AM
Jajajajajjaja pero que bueno. La historia está muy guapa, joer.
Y no me des las gracias, que se me ponen los cachetes color Clipper, XDDDD
Un besote gigante
logoss
17 mar 2009 | 12:33 AM
Sniff... Sniff... No he podido reprimir derramar una lagrimita con esta historia...Qué triste y solo se hatenido que sentir... ¡Qué suerte que ha tenido un final feliz!... Jejejeje... Cojunuda, Ant... Simplemente cojonuda... Saludos desde Canarias...
adastra
17 mar 2009 | 12:20 PM
Mother of the nice love...
Antares, hija, me quito el sombrero y la peluca.
Y las gracias, a ustedes :D
yeyo
17 mar 2009 | 05:43 PM
Juas juas juas... ¡Qué bueno! ¡Felicidades, Antaritas! ¡Qué bueno!
Shaiza
18 mar 2009 | 01:22 PM
Muy grande la historia.
Ya podeis formar un club en el que en vez de carnet de socio recibas clipper de fresa.
robespierre
31 mar 2009 | 06:49 PM
Me parece una historia muy tierna. ¡¡¡FELICIDADES¡¡¡