Las nubes me acompañan en este martes casi tardío,

casi perdido

hasta que ellas hablaron,

divinas.

Recortadas de naranja a fuego

quisieron jugar conmigo,

traviesas,

a caracoles entonces,

a pegaso,

a dibujar una gallina,

a ser una pelea de cocodrilos,

o un submarino del revés,

incluso un ratón de bigotes enormes hoy...

Por eso ya ahora no tengo miedo

ni al frío

ni al camino.