Lucio viajaba en el asiento que había justo delante del mío.
En este tipo de trayectos, ni cortos ni largos, con un leve sol de refilón en la ventanilla, la sierra de fondo, parece que una cierta nostalgia invade a las personas.
Dejamos la mirada perdida a través del cristal manchado de dedos, cabezas, y rayajos... nos entregamos a una especie de causa perdida mientras llegamos anuestro destino, hasta que no sabes bien por qué, decides poner los pies y la mente en la realidad inmediata que te rodea.
En ese latigazo de realidad, volví bruscamente mi mirada hacia la cabeza de Lucio, un joven que parecía alto, de pelo moreno, y con alguna que otra claridad de ideas... en ese mismo instante veo caminando con osadía por su pelo a un bicho, de no más de medio centímetro, con cabeza naranja, cuerpo amarillo verdoso, y unas antenas insdiscretas que se movían a toda velocidad como buscando una señal que captar...
Me dedico a observar al tal bicho de cabeza naranja y cuerpo amarillo verdoso (o verde amarillento... no sé bien)... y se pase a sus anchas... a la derecha.. a la izquierda... ¡uyyyy... la orejaaaa!... para un lado... para otro... Hasta que no sé en qué momento Lucio notó tan leve presencia, se rascó la cabeza, y mi amigo el bicho de cabeza naranja cayó al vacío de su cuello de camisa. No acerté a ver más.
La idea que me asalta es clara... ¿Por qué no le dije a Lucio que tenía un bicho de cabeza naranja y cuerpo amarillo verdoso recorriéndole la cabeza? En esos instantes en los que disfrutaba del paseo del "mediocentímetro ese", Lucio parecía quedar en un plano ridículo. Si él hubiera sido mi amigo le hubiera quitado el bicho, o le hubiera avisado de que lo tenía... ¿Disfruté con ese plano ridículo o con el bicho?
Tampoco me parecía preciso decirle... "Perdona... tienes un bicho de medio centímetro, de cabeza naranja y cuerpo amarillo verdoso paseando por tu cabeza..."
Todo esto, en definitiva, me lleva a pensar en nuestras relaciones con los otros. ¿Cuántas caras de las que nos hemos cruzado en el día de hoy recordamos?
- Tags: bicho naranja, trayecto, relaciones, caras, otros, cabeza compártelo

Soy una estrella, ya menos errante, en busca de aceptar mi identidad, siempre sonriente y que cree en la Bondad natural del Hombre y en la capacidad de emocionarse aún por cualquier cosa. La Vida tiene mucho que decir y yo, mucho que escuchar.
septiembre
1 jun 2008 | 06:02 PM
Bueno afortunadamente seleccionamos nuestros recuerdos... me has hecho pensar en un cuento de Borjes que creo que se llamaba el memorioso o algo así que un amigo me recomendó a través de la coctelera.
Recordamos a los que nos aportaron algo bueno malo. Hay quien cree en la reencarnación y en que en cada una de nuestras vidas nos encontramos con la misma gente para bien o para mal.
Yo me limito a pensar en afinidades o rechazos que nos hacen volver la mirada hacia algunas personas y pasar de largo ante otras.
un abrazo