Hay un nuevo miembro en la familia. Tiene apenas un mes y mucho miedo. Era el turno de volver a casa después de una escapada a los Pirineos, y a mitad de camino tocaba parada técnica. En el área de servicio había un jaleo montado impresionante entre los camareros. Habían descubierto en el almacén a unos gatitos de un mes maullando, solos, agresivos, escondidos entre cajas. Éramos los únicos clientes y yo, que la curiosidad me puede, tuve que meter las narices en el almacén. Estaban tratando a los gatitos fatal, metiéndoles miedo, haciendo que se pusieran agresivos y se reían de esas reacciones... Así que ni corta ni perezosa, metí lasmanos en esas cajas y saqué a una de las preciosidades que había ocultas, oliendo a sucio, a cerveza, a... yo qué sé.Y ya no había marcha atrás: la envolví en mi bufanda, y a casa. Llevaba unos 4 días sin comer, la habían asustado, estaba sola... Pero hay que ver lo que hace un buen plato de comida, una duchita y una manta...

Se llama Tita, en honor a una perrita de la casa rural en la que estuvimos descansando en los Pirineos, Cal Paller.
Ahora Tita se esconde debajo del sofá a cada momento, y si la queremos coger nos bufa, pero se le pasa enseguida. La coges en brazos, dos mimos, y a ronronear.

Así que volvemos a las andadas con los animales. Sólo espero que no me de alergia esta vez, ni urticaria, ni toses, ni picores, ni nada.

Bienvenida, Tita.