Lánguido y triste, con paso vago, caminaba el galgo por la acera. Los segundos rayos del sol comenzaban a brillar sobre la hierba recién regada. Nadie más pasaba. Sólo yo, mi mirada en su maltrecha piel, marrón, descuidada, quizá abandonada. No levantó la vista. Sólo pasó.

Foto: Jose
Cámara: Canon G7 Powershot