Tengo un desconcierto que se suma a mi razón emocionada. Punto y aparte.

O a mi emoción razonada. Punto y aparte.

¿Eso se puede? Punto.

Noto cómo el aire me perfora los pulmones, me desinflo como un globo, y me vuelvo a henchir de sonrisas imborrables. Punto y aparte.

Se me parte el alma, en dos, o en tres, o en mil, se quedan los trocitos desperdigados entre cajones, maderas, ruedas, risas y ventanas, que dicen hasta pronto. Ahí quedó el trozo más grande. Punto y aparte.

Es entonces cuando me pregunto qué importa. Supongo que lo que yo quiera que importe. Punto y aparte. Reflexión.

Vago por los espacios de La Coctelera y me topo con Atentamente... y no puedo quedarme indiferente. Es cuando veo que no todo el mundo es atómata y cuando comprendo que esto tiene sentido. Aún se siente. Punto final.