He decidido alternar una de cal y otra de arena en mis artículos. Creo que tantos poemas agotan al más pintado. Lo poco agrada, y lo mucho enfada, que dicen.

Me encantan las plantas. Ya se lo dije a Gatinha en un post que publicó sobre "el jardín". Y con estas brisas de principios de otoño que tanto adoro, con estos análisis de olores que inspiro con egoísmo, espero a que llegue el momento de ver florecer mi arbusto favorito: el macasar. También se le llama Calicanto del Japón (Chimonanthus Fragans). Es poco conocido y, sin embargo, en mi ciudad te lo encuentras cada dos pasos, o tres.


Foto: http://waste.ideal.es

Estas flores son pequeñas, de apenas 1cm de diámetro. Y la virtud tan maravillosa de este arbusto que lo hace tan diferente al resto es su peculiar aroma a....¿cómo definirlo? a macasar... Hay que olerlo. Y jamás olvidarás esa fragancia, tan suave, entre vainilla, canela y magnolia... un toque exótico pero seco...
Pero, aparte de la belleza que muestra en su sencillez cada flor, es impresionante ver las ramas desnudas del arbusto salpicado tan graciosamente...


Foto: http://waste.ideal.es

Su momento álgido lo alcanza por las noches de diciembre-enero, en mitad del frío, un olor que embriaga y seduce...

En pimavera brotan sus hojas verdes brillantes, laureadas, ásperas al tacto. Y las flores dan paso a los frutos que continuan adornando, siempre con gracia.

Pronto cambio de residencia, lejos de macasares, y ya los añoro sin haberse abierto aún. Espero impaciente el momento de regresar a casa e inspirar muy muy hondo, y que todo me indique que la esencia y magia de la Naturaleza permanece imperturbable un año más.