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La Coctelera

Antares - Sonrisa Azul

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Categoría: Trayectos

Bailamos al son de tu capricho,

sin importar la hora

o el sentido...

Giramos y regiramos,

condenadas y nostálgicas

sin fin,

por ti...

Sin importar el sentido,

el porqué ni la hora...

Sólo tu capricho.

Y es aquí donde la tierra se parte

para que las raíces,

curiosas,

salgan a contemplar su paisaje,

entre fresnos, robles y milflores...

Es allá el macizo,

son aquí los colores

encubiertos y tímidos

de tiempo en tiempo.

 Iglesia de Santo Domingo. Virgen del Rosario. Miércoles Santo. Granada 2009.  

Que los niños son de lo que no hay, eso lo sabemos todos. Pero es realmente precioso descubrirlo a cada paso.

Los niños son intrépidos, auténticos héroes lanzados a la aventura más descabellada que exista en el planeta... y los adultos (no todos, por fortuna) miramos muchas veces incrédulos y hasta horrorizados cómo se lanzan a vivir sus juegos como si fueran los últimos.

La semana pasada, paseando por algún pueblo costero de Valencia, encontré a un grupo de niños patinando en los alrededores de un puente, con su rampa de acceso y todo. Los niños subían y bajaban con sus patines una y otra vez, "¡ahora de dos en dos!", "¡no, no, no! Mejor como si fuéramos un gusano!"... Y así aventura tras aventura, hasta que uno de ellos gritó visiblemente emocionado "¡TENGO UNA IDEA! ¡Tengo una idea! ¿Por qué no nos tiramos con los ojos cerrados? Tenemos que bajar la cuesta sin abrir los ojos a ver hasta dónde llegamos, ¿vale?" - "¡ME PIDO PRIMER!", "¡SEGUN!", "¡TERCER!"... Y allá que bajaron. Y poco después de espaldas... Y no quise saber más.

A mí me pareció una temeridad, sobre todo si tenemos en cuenta que soy incapaz  de rodar 5 metros seguidos con los patines sin agarrarme a algún sitio o sin pensar que es justo en ese momento cuando ha llegado el fin de mis huesos de la cadera... o de mis dientes.

Moraleja: hay que Vivir un poquito más cada día sin miedo a saber qué puede pasar, sin analizar constantemente las consecuencias, porque entonces nos frenamos. Si nos empeñamos en creer que algo va a salir mal, seguramente salga mal. Nuestros esfuerzos no deben ir encaminados al desastre, sino a ser intrépidos y lanzarnos a la aventura, ser valientes y decididos para vivir nuestro momento.

 

 

 

Esta es la historia de un Clipper de Fresa que partió desde su ciudad natal (Las Palmas de Gran Canaria) hasta la Península para conocer un nuevo mundo de posibilidades. En las islas escuchó rumores de que los hombres se alimentaban de productos naturales y quiso saber si eso era así realmente...

 Probó a sentirse col, a echar raíces en la tierra, a beber del sol de primavera, pero todo fue inútil. Siguió siendo Clipper de Fresa.

 

 

 

 

 

 

 

 Siguió probando suerte y pensó que quizá con los líquidos le fuera algo mejor. En los suburbios le hablaron de la leche, un prodigioso alimento que procedía de las vacas y que conseguía en los hombres unos huesos sanos y fuertes porque al parecer contenía una sustancia llamada "calcio". El Clipper buscó y buscó vacas. Las encontró de mil colores, hasta que por fin dio con lo que buscaba. Y volvió a probar suerte... Quiso sentirse botella de leche, pero estaba claro: no encajaba en el perfil.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Clipper se sintió desolado. Vagó por las calles mañanas, tardes, y noches, sin rumbo, solo. Se sentía tan desdichado... ¿Por qué abandonaría aquellas cálidas islas donde todo el mundo disfrutaba de su compañía? El Clipper, con sus ánimos aniquilados por no poder ser un alimento natural, se sentó a descansar, a ver pasar la vida... a buscar de nuevo un sentido en la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Allí estaba, solo y triste, cabizbajo y pensativo cuando de pronto apareció una bella joven que se sentó a su lado. "¿Por qué lloras?" "Nunca conseguiré ser un alimento natural", respondió el Clipper. "¡No te preocupes! Pronto el hombre acabará con su alimentación sana y serás uno de los primeros en la cadena de alimentación". La muchacha cogió a Clipper tiernamente entre  sus brazos... y le besó.

 

 

  

 

 

Clipper se sintió tan feliz que brincó, cantó, bailó y rió hasta el amanecer. Y así todos los días continuó pregonando su buena nueva allá por donde iba. Clipper triunfó con su discruso en el metro, en bares, cafeterías y teatros... Y la vida le terminó de sonreír...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Ahora, Clipper ha marcado una nueva generación y hasta los membrilleros lo han convertido en su bebida de culto, de fiestas y juergas sin fin.

 

PD. No podría faltar el agradecimiento eterno no sólo por el clipper, sino por los grandísimos momentos que me está haciendo pasar a Jacob y Adastra, y por supuesto al resto de la Comunidad Membrillera, Agente Naranja y Dr. Pi.

 

Ecos

El eco de mis viejas voces

se adormece en el tren

de mis sueños perdidos,

aquellos deseados,

estos que progresan

en el vaivén oculto

de un viaje cualquiera.

Las nubes me acompañan en este martes casi tardío,

casi perdido

hasta que ellas hablaron,

divinas.

Recortadas de naranja a fuego

quisieron jugar conmigo,

traviesas,

a caracoles entonces,

a pegaso,

a dibujar una gallina,

a ser una pelea de cocodrilos,

o un submarino del revés,

incluso un ratón de bigotes enormes hoy...

Por eso ya ahora no tengo miedo

ni al frío

ni al camino.

Luna enjaulada

La luna está enjaulada

entre las nubes plata,

alentadas por su luz  templada,

y almendrada...

por el verde de los campos

y el calor de las semillas cultivadas.

Crece, busca,

sale, huye,

sonrojada y tímida

en este delirio nocturno.