Piando,
rodeados de paciente decrepitud,
entre silencio, promesas y abandono,
el olvido y el tiempo se cogen de la mano
y retan sueños,
vida y conciencia.
Aquí donde todo es tanto
y nada,
lo que fue, lo que queda...
Colores marchitos, miradas perdidas
y el infinito en soledad entre todos
y hacia donde seguro caminamos.
Ver imagen en Chinet Photography
Bailamos al son de tu capricho,
sin importar la hora
o el sentido...
Giramos y regiramos,
condenadas y nostálgicas
sin fin,
por ti...
Sin importar el sentido,
el porqué ni la hora...
Sólo tu capricho.
Y es aquí donde la tierra se parte
para que las raíces,
curiosas,
salgan a contemplar su paisaje,
entre fresnos, robles y milflores...
Es allá el macizo,
son aquí los colores
encubiertos y tímidos
de tiempo en tiempo.
Y son tantas cosas,
asuntos,
personas,
circunstancias que pasan,
que se van,
y que no vuelven,
que se pierden
o que aparentan
y que creo...
No sé si las perdí
o se fueron.
¿Dónde están?
¿Adónde van?
Se diluyen en el obsceno desafío del tiempo .
Y permanezco,
siempre en paz.
He venido para soñarte cada noche,
para acompañar tus pasos,
firmemente,
para borrar las turbias circunstancias
que te agrian...
Soy luz, mar...
nube,
paz,
sonrisa,
camino contigo.
Iglesia de Santo Domingo. Virgen del Rosario. Miércoles Santo. Granada 2009.
Voy a tomar como referencia a mi gran amigo Jacosito para esta historia breve y cotidiana, como ya bien expresa en sus extrañas conversaciones, de cama o, incluso, mañaneras. La mía es de sofá.
Viernes por la noche. El Chicha y yo hemos cenado tranquilamente. Reposamos. Dejamos la mirada perdida en la televisión, no nos fijamos en nada... De pronto unos códigos verdes con fondo negro aparecen en la pantalla. Caen en cascada muy deprisa...
El Chicha exclama: ¡hostiás! (Sí, con tilde y énfasis en -ás)
Yo suspiro: ¡aaaadiós! (Sí, sí... con tantas a delante) 
Se nota que tenemos gustos parecidos, ¿eh?